Día Fibonacci: Cuando las Matemáticas cobran vida

¿Qué ocurre con las Matemáticas? ¿Por qué en muchas ocasiones se convierten en la asignatura más temida? ¿Por qué, incluso cuando el profesor se prepara excelentes clases, hay muchos alumnos que no llegan a experimentar el interés que merecen?

Es evidente que el lenguaje matemático supone una gran abstracción y que hay alumnos y alumnas que no están del todo preparados para entenderlas; está también claro que constituyen un área que requiere un nivel de dedicación que algunos no están dispuestos a realizar, pero… ¿hay sistemas que permitan que se las acerquemos de un modo diferente y demostrar que  todo es matemática?

Este fue el gran reto que nos alentó a los profesores del IESO Nº1 de Alovera para generar un proyecto en torno a las Matemáticas y Fibonacci fue nuestra inspiración.

Decidimos diseñar un plan de actividades en diversas materias que nos permitiera profundizar en el concepto de la proporción y del número Fi. Los departamentos que trabajarían durante un par de semanas los múltiples aspectos que giran en torno al tema fueron, además de Matemáticas, Ciencias Naturales, Educación Plástica y Visual, Música, Lengua española, Educación Física e Inglés.

Los estudiantes se agruparon en equipos de tres para, durante toda la mañana, superar diversos retos en diferentes talleres multidisciplinares que se situaron en los diversos espacios del centro. Todo el IESO se convirtió en una gran aula experimental inspirada por las Matemáticas. La aventura comenzó con la aparición del mismísimo Fibonacci –el profesor de Mates viajó hasta la Italia del siglo XII y regresó convertido en Leonardo de Pisa- que les explicó la mecánica de participación en los talleres y el secreto para superar los retos.

Antes de comenzar, por supuesto, todos los participantes pasaron por el photocall “#lovingfibonacci” e, inmediatamente después, se realizó un repaso de los conceptos trabajados los días previos con el visionado del clásico y oscarizado Donald en el país de las matemáticas. Todas las horas que ese día constituirían nuestra jornada estaban traducidas a números de la serie aurea. Cuando todos estuvimos preparados (todos los profesores ataviados con la camiseta e identificador preparados para la ocasión) se dio la salida. Durante cinco horas todo el instituto observaría, mediría, calcularía, crearía… recordaría, por supuesto, al célebre Pisano.

En Matemáticas el profesor generó una serie de documentos que explicaban y demostraban que la proporción aurea está presente en múltiples aspectos cotidianos de la vida. Los alumnos descubrieron que la espiral aurea, símbolo de perfección, se esconde en muchos logotipos de empresas conocidísimas, en la pintura, o en la arquitectura, en construcciones tan espectaculares como la pirámide de Keops …

Todo el IESO se convirtió en una gran aula experimental inspirada por las Matemáticas

Dos talleres les ofrecieron la posibilidad de comprobar la existencia de esta geometría perfecta y calcular el valor de Fi, también les mostraron como construir un compás áureo que les permitió medir y medirse, verificando las proporciones existentes en un abundante muestrario de objetos y en su propio cuerpo utilizando las imágenes que los ordenadores captaban de ellos por webcam y analizadas con Geogebra. Todo ello usando el vocabulario en Inglés del cuerpo humano.

En el taller de Música nos sorprendimos al constatar que Fibonacci está muy presente en muchas melodías. Nuestros móviles midieron frecuencias de notas muy proporcionadas y con el Monocordio de Pitágoras el secreto de notas y escalas fue desvelado.

En el taller de Biología descubrieron como Fi y la espiral perfecta se dibujaba en piñas de diversos tipos, en flores y diversos frutos, así como en huevos o animales como la abeja. La naturaleza es realmente perfecta.

En Educación Plástica y Visual produjeron diversas obras que recrearon de modo muy artístico variaciones del nautilus, auténtico símbolo de la espiral aurea, además de un sinfín de variedades florales que también esconden la proporción. Todos realizaron sus producciones en piezas de veintiún por veintiún centímetros (números de la serie aurea),  para construir un mural colectivo que pretendía imitar una gran pantalla pixelada que mostraba orgullosa toda esa perfección.

Finalmente, descubrimos que la poesía no se halla muy alejada de lo matemático; los días previos habíamos reflexionado sobre el cómputo silábico y el ritmo en la poesía, que no deja de ser un arte muy numérico. La aportación poética al día Fibonacci fue la composición de un enorme caligrama en forma de espiral aurea en el que todos los alumnos sugirieron comparaciones poéticas para definir lo que era perfecto para ellos. Nuestro caligrama comenzaría con “PERFECTO COMO…” y a partir de ahí nuestros genios creadores buscarían como trasladar a palabras cargadas de lirismo su idea de perfección. El resultado fue sorprendente.

Esa mañana todos disfrutamos con las Matemáticas porque las experimentamos, porque las construimos… muchos, gracias a esta experiencia hicimos las paces y disfrutamos con una asignatura que no pocas veces nos causó grandes disgustos en el pasado. ¡Gracias Fibonacci!

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